"Acupuntura, medicina complementaria" por Montserrat Biurrun

Soy enfermera desde hace 37 años, siempre me ha gustado mi profesión y siempre he tenido la sensación de que nos faltaba algo.

Hace más de veinte años tuve un problema de salud y me operaron, al día siguiente me dolía mucho la espalda. Me sentí envejecer de golpe. Solía tomar calmantes que me aliviaban un rato. Nadie me explicaba qué me pasaba y qué podía hacer. Por fin acudí a un masajista, luego me remitió a un osteópata. No sólo me solucionaron el problema sino que me explicaron que la causa fue una mala posición en la mesa de quirófano.

Comprendí varias cosas. La más importante fue entender que la medicina occidental, tan avanzada, no cubre la salud y la enfermedad de una forma integral; la parcela y la despersonaliza, y, sobre todo, la secuestra. Es decir, considera que la salud de una persona es asunto del profesional que la trata. Yo lo veo de otra forma: nosotros somos los artífices de nuestra salud, los profesionales intervienen y nos apoyan, en los momentos necesarios debemos poner-nos en sus manos, pero siempre desde nuestra autonomía. Así que me puse manos a la obra e investigué, estudié masaje, reflexología podal, acupuntura refleja. Una cosa me llevó a la otra, hasta que acabé estudiando medicina tradicional china y acupuntura.

Y en este punto comprendí otra cosa muy importante: los procesos de enfermedad afectan a las personas y todos somos seres con un cuerpo físico. Sí, pero también emocional, mental, espiritual, etc. Por eso, una misma patología, como una simple gripe, nos afecta de forma tan diferente.

La acupuntura es una medicina muy antigua. El texto más arcaico que se conserva está datado en el 2600 a. C. y no ha perdido actualidad. Se basa en conceptos muy distintos, conceptos energéticos donde es la energía quien conforma todos los aspectos del individuo que he mencionado antes, basa el equilibrio salud-enfermedad en el correcto fluir de esa energía, por tanto no diferencia entre enfermedades renales o digestivas o psíquicas porque el bloqueo “vacío” o “plenitud de la energía” es la causa de patologías muy diversas; de hecho, una infección, un infarto o una esquizofrenia pueden tener un tratamiento similar.

Resulta apasionante, ya que aunque existan protocolos de tratamiento hay que saber individualizar cada caso para conseguir los mejores resultados.

Me gustaría dejar claro algo muy importante. Existen maravillosos profesionales que dedican su empreño a investigar causas, métodos diagnósticos, vacunas, tratamientos... Gracias a ellos la medicina y la cirugía han podido mejorar la salud de la población.

Las medicinas “complementarias” (mejor que “alternativas”) aportan una visión distinta de los problemas de salud ayudando a cortar el círculo vicioso de la cronicidad en el que el tratamiento genera nuevas patologías y nuevos tratamientos. Por eso creo que están abocadas a confluir y que las enfermeras, siempre dedicadas a cuidar, somos las que tenemos la apertura de miras necesaria para incorporarlas a nuestro hacer. En realidad ya lo hemos hecho. En algunos de los más prestigiosos hospitales estadounidenses se ofertan distintas posibilidades al paciente: o una pastilla para dormir, o una reflexología podal o un toque terapéutico (reiki, relajación). Y todo ello a cargo de enfermería.

Así que no puedo menos que recordar el final de la película “Casablanca”: “Este es el principio de una gran amistad”.